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¡LOS OPORTUNISTAS!

Por Sara Mandujano

30/01/22

Llegaron de oportunidad. Están entre nosotros, como siempre, pero no son como nosotros. Nos desdeñan, “somos un desmadre” es lo menos que dicen entre sus “cuates” y entre sus seguidores. Ellos son otra cosa. Están aquí porque se los pidieron. No les hicieron un favor, al contrario, fueron ellos los que nos brindaron apoyo. No les gustamos. Ellos son otra cosa, por eso se mantienen fuera, incólumes, diferentes. No son los “chairos”. Son nuestra solución cuando de asumir candidaturas, cargos, puestos, se trata. Ante nuestra ignorancia, incapacidad, pobreza; ahí están ellos: puestos ¡puestísimos!, a encabezarnos, a representarnos, a actuar en nuestro nombre y por nuestros colores. ¡Cómo no! Son los infalibles, los indispensables, lo que nosotros no somos. Porque nosotros somos, votantes, busca votos de casa en casa, los que pintamos las bardas, pegamos los carteles y las lonas, los que portamos los afiches, la camiseta, los que la sudamos. Somos los que los defendemos, incluso, cuando no tienen defensa. Somos los que caminamos, los que platicamos, los que convencemos. Ellos no. Ellos son otra cosa. Ellos sólo pueden ser candidatos. Nomás eso que nosotros no hemos aprendido a ser. Por eso están allí, esperando la oportunidad ahora que nosotros hemos hecho lo necesario para convertirnos en opción, en la mejor, en la única posible.

Nos miran de arriba abajo. Nos hacen menos. Por eso viajan a la capital y se entrevistan con los dirigentes, con los cuadros mayores, con los que “pesan”. Publican las fotografías retratados con ellos. A pie de página colocan una frase que pretende convencernos de lo que no somos y ellos son. Porque la mayoría de nosotros no cuenta con esa posibilidad. Porque a nosotros no nos reciben los dirigentes, los cuadros mayores. Ni siquiera lo intentamos porque sabemos que la mayoría queda en el intento. Primero, porque no contamos con los recursos para llegar hasta allá y ellos sí. Llegan cuantas veces quieren. Segundo porque no tenemos que contarles a nuestros dirigentes, a nuestros cuadros mayores. Ellos son “harina de otro costal”. Nosotros somos base y sólo entre políticos se entienden. Tercero, porque esa inversión nos cuesta caro: ¿qué podríamos plantear que nos pueda beneficiar de manera directa, si no servimos para candidatos y sólo para ir de a pie a, como dije, invitar, repartir el volante, el díptico, colocar la lona, pegar el cartel, aplaudir en el mitin? Allá van los que tienen pinta de candidatos. Los que tienen dinero de candidato. Los que son para ser nuestros candidatos una y otra vez. Nosotros no.

Están aquí entre nosotros. Nos venden la idea (y se las compramos), de que sólo ellos pueden ser y nadie de nosotros. Compran una entrevista, un periodista o dos o muchos más que los publican todos los días en cada medio. Tratan de hacernos creer que saben mucho. Esa idea nos pretenden endilgar. Sus imágenes están por todos lados.

 

Tienen una capacidad para reinventarse cada día. No cuentan con pasado. Ellos son el hoy. Nada son de ayer. No vienen de ninguna parte (al menos no lo recordamos), no sabemos qué han hecho por nosotros, sólo sabemos que van a ser nuestros candidatos, aunque nada vayan a hacer por nosotros. Pero podrían brindarnos el deleite efímero, falso, de la victoria que no es nuestra, sino de ellos. Luego renegaremos porque nadie de los de a pie está junto a ellos disfrutando a diario del triunfo. Porque en nuestro lugar están los que no estuvieron nunca en la brega. Y acabaremos despreciándolos porque al final acabaron siendo como todos los políticos.

Están aquí merodeando, infiltrándose, ocupando el lugar que nosotros no podemos, no debemos. No quieren al partido, lo han dicho y por eso no se han afiliado. Ni lo harán. Finalmente ellos serán encumbrados por la mano de sus recursos y de sus relaciones. No importan los de abajo, lo que importa son los de arriba, esos que, finalmente, los acaban designando o presionan para ello. Por eso no nos ven, ni nos oyen. Ya están aquí, esperando ocupar el lugar por el que han diseñado su particular estrategia.

No nos representan, sólo pretenden usarnos, como al partido, para estar allí donde se sueñan, aunque no nos quieran, porque ellos son más que el partido, mucho más que los que somos militantes del partido.

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